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Diario económico del negocio de la salud

10 Dic 201815:02

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Mirando al futuro de la salud

Médicos como pacientes, pacientes como personas

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Médicos como pacientes, pacientes como personas.

 

Recientemente han fallado en Harvard los premios IgNobel. Estos galardones premian las investigaciones y estudios rigurosamente científicos pero considerados extraños, curiosos, risibles o simplemente inútiles del año. El número de españoles que han sido galardonados con los citados premios (y que dicho éxito y repercusión mundial en muchos casos han supuesto publicidad, ventas o financiaciones posteriores) son el doble de ganadores del Nobel de verdad, el sueco.

 

Pero este año el gran ganador era japonés y médico: el doctor Akira Horiuchi se hizo y documentó una autocolonoscopia. Si bien la facilidad para hacérsela sentado abre un camino en la educación médica (una puerta de atrás sería un chiste fácil), queda aún lejos del mucho más meritorio caso del cirujano ruso Léonid Rógozov, que se realizó una autoapendicectomía en 1961, con el agravante de hacerlo en la estación soviética ubicada en la Antártida, y sin posible ayuda exterior.

 

Son casos extremos en los que el médico se pone en la piel del paciente, muy a su pesar en algún caso. La experiencia de ser tratado como un paciente debería ser obligada para cualquier aspirante a profesional sanitario. No solo permite empatizar desde dentro, sino también aprender cuán poco humana puede ser la situación para el paciente, entregado a veces al sistema como producto del mismo. Esta situación se describió de forma maestra en la película de 1991 “El Doctor”, en la que un cínico otorrino aprende en carne propia como paciente lo que es la empatía y la compasión que debe envolver la relación médico-paciente.  

 

Pero eso en la Sanidad del siglo XXI no pasa: La tecnología favorece una conexión en tiempo real con el paciente y su familia, y se comunica en todo momento. No hay esperas para llegar a la consulta, un paciente crónico es llamado a visita para evitar recaídas. Se puede registrar cualquier cambio en su patología mediante sensores específicos que es inmediatamente transmitido a su médico de referencia (antes llamados “de cabecera”). No solo eso, sino que el mismo equipo médico está conectado en todo momento, sin diferencia de estamentos ni geográfica. ¿O no es así?

 

La mayoría de las veces no es el caso. El factor tecnológico no es el que falla: todo lo mencionado existe o es viable. Es el organizativo y las habilidades que se han valorado tradicionalmente en los sanitarios. Porque aún se cree que lo importante son las habilidades técnicas, y se desprecia la tecnología y las habilidades y herramientas de comunicación. Por eso deberíamos hacer más caso a que haya en España reuniones de pacientes blogueros, dispuestos a pedir que les traten como personas, no como números; que haya más y mejor información y comunicación,  que les receten links adecuados a su caso y que les traten con más humanidad. Pidiendo que tengan tiempo de aprenderse su nombre, se les presenten, les miren a la cara, que les cojan la mano cuando las noticias no son buenas. Pidiendo un tiempo que necesariamente solo puede conseguirles a médicos, sanitarios y directivos la tecnología. Un tiempo que no deberían esperar a sufrir una grave enfermedad en sus carnes para aprender a valorar.

 

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