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31 Ene 202304:23

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R. Santamaría (Cesce): “La política ya copa el primer plano en las prioridades empresariales”

26 Oct 2022 — 04:58
Por A. Martínez
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Ante la creciente escalada de conflictos internacionales, las economías europeas dudan entre apostar por las alianzas occidentales o mantener las alianzas comerciales con el bloque liderado por China.

El comercio ante su tercer ‘annus horribilis’ con la demanda en retirada.

 

Europa, entre el corazón y la razón. Ante la escalada de la tensión internacional y como si se hubieran despertado de un largo sueño, los países europeos miran con recelo a sus socios comerciales del otro bloque, alejados de las democracias occidentales, pero de quien económicamente no pueden desprenderse.

 

Con la rotura de la cadena de suministro, impulsada por la guerra en Ucrania, las economías europeas han abierto los ojos y han visto que dependen comercialmente de economías que no aceptan principios como la sostenibilidad o la igualdad y pueden convertirse en amistades peligrosas. Ante este contexto, la política europea deberá debatirse entre los posibles costes que tendría una reformulación de la supply chain o el descrédito que provocaría un cambio en sus principios.

 

A Europa le encantaría ser autosuficiente y tener cuota de mercado únicamente en países afines, pero no es así, existen dependencias en la cadena de suministro y, además, ventajas de coste difícilmente rechazables”, asegura Ricardo Santamaría, de Cesce (Agencia Española de Crédito a la Exportación), en el encuentro Efectos en la internacionalización empresarial de la nueva estrategia geopolítica mundial, organizado por el Club de Exportadores e Inversores Españoles. “Pese a que el comercio siempre ha buscado una mayor cuota de mercado, las variables políticas y el compromiso moral ha pasado a copar un primer plano en las prioridades empresariales”, añade el directivo.

 

 

Ante esta tesitura, las empresas deben ser conscientes del mundo multipolar en el que se encuentran y analizar las oportunidades y desventajas de permanecer en ciertos mercados, atendiendo a criterios que vayan más allá de lo meramente económico, y valorando la seguridad, la estabilidad política y la sostenibilidad.

 

Las empresas europeas se encuentran en una encrucijada. La obligación de las administraciones europeas a cumplir con ciertos requisitos medioambientales y sustituir la búsqueda del beneficio económico por la de la sostenibilidad provocará elevados costes en las compañías, que deberán redirigir su política internacional. “Cubrir las nuevas necesidades regulatorias tiene un coste, al igual que descarbonizar o las repatriaciones de la cadena de suministro, pero debe analizarse”, añade Santamaría.

 

Sin embargo, el cambio no puede llevarse a cabo de la noche a la mañana. “Todos queremos luchar cambio climático o la explotación laboral, pero no puedes desprenderte de tus socios económicos a toda prisa porque no comparten tus valores, quienes incluso pueden llegar a quejarse a la Organización Mundial del Comercio (OMC)”, ha añadido, por su parte, Tomás González, socio director del departamento de expansión de la consultora Idom.

 

En un contexto donde cada vez hay mayor confrontación política entre los socios comerciales de Estados Unidos y los de China, el gigante asiático se convirtió en agosto en él mayor socio importador de España, superando a Alemania.

Ante las amenazas de Europa y Estados Unidos de reducir su dependencia de China, Xi Jinping manifestó en el último congreso del Partido Comunista que el país se defendería “del proteccionismo y de la intimidación”. Para Enrique Fanjul, socio fundador de Iberglobal, “las empresas y los países deben analizar sus mapas de dependencia y preguntarse qué pude comportar para la economía española estar condicionada por China, a qué riesgos se atienen con un socio semejante”.

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