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Diario económico del negocio de la salud

27 Jun 202210:37

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La inflación de las materias primas y la energía asfixia los países emergentes

02 May 2022 — 04:56
Por M. Tamayo
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El aumento de los precios de la energía y la alimentación tendrán un mayor impacto en los países más pobres y en los consumidores con menos ingresos, que destinan una mayor parte de los ingresos a las necesidades básicas.

La inflación de las materias primas y la energía asfixia los países emergentes

 

La guerra asfixia los países emergentes. La subida del precio de los alimentos y otras materias primas, junto al aumento desbocado del precio de la energía, están tensionando la economía global, pero los resultados del impacto no serán los mismos en todos los países. Mientras que los hogares de las economías avanzadas cuentan con una bolsa de ahorro tras la pandemia, las emergentes gastan una mayor parte de sus ingresos en bienes básicos, los más perjudicados por la inflación, y no cuentan con un colchón de ahorros.

 

Los consumidores de los países emergentes gastan hasta un 38% de sus ingresos en comida y energía, una cifra que sólo alcanza el 14% en la zona euro y un 10% en Estados Unidos, según el informe Inflation: The Big Squeeze realizado por Morgan Stanley. En concreto, los consumidores de los países más pobres destinan un 30% de sus ingresos a la energía, mientras que el 8% restante va dirigido a la energía.

 

En el conjunto de la economía global, los consumidores con bajos ingresos representan una pequeña parte del consumo, concretamente, un 22%, pero en el consumo de comida representan un 30% de los ingresos. Según Morgan Stanley, este desequilibrio en el mercado alimenticio puede desestabilizar y contagiar al resto de sectores.

 

Además, las economías emergentes se pueden ver arrastradas por las políticas de los países ricos, que están endureciendo sus condiciones fiscales para frenar la inflación, que ha llegado al 7,5% en la zona euro y se sitúa en el 8,5% en el caso de Estados Unidos.

 

 

Latinoamérica busca retener la inversión

En los mercados latinoamericanos, la guerra puede provocar dificultades financieras globales y un endurecimiento de las condiciones financieras para la región, según el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI). Además, el actual endurecimiento de la política monetaria de Estados Unidos puede tensar aún más las condiciones financieras.

 

El organismo apunta que con el aumento de los costes de financiación mundiales y nacionales se puede acelerar la salida de capital de los países de la región “dadas las grandes necesidades de financiación pública y externa de algunos países y los limitados recursos para financiar la inversión en la región”.

 

Además de la política monetaria estadounidense, una moderación del crecimiento en China también puede repercutir en el precio de las exportaciones en el país. Incluso antes de la guerra, la recuperación en el gigante asiático estaba perdiendo fuerza. Con el aumento de la inflación, la pobreza y la desigualdad están aumentando en la región y cerca del 40% de los países han introducido nuevas medidas, sobre todo fiscales, con un coste fiscal medio estimado en el 0,3% del producto interior bruto para este año.

 

 

 

 

Uno de los principales retos de la región es enfrentar la deuda, que ha aumentado tras la pandemia, y engorda su coste a medida que se endurece la política monetaria para frenar la inflación. Por ello, el FMI señala que los países tendrán que garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas para ayudar a preservar la credibilidad y reconstruir el espacio fiscal, a la vez que será igualmente importante aplicar medidas que protejan a los más vulnerables.

 

La economía de la Latinoamérica se expandió un 6,8% en 2021 tras el retroceso del Covid-19. Para este año, el FMI prevé un incremento del Producto Interior Bruto (PIB) de la región del 2,5%, el mismo que para 2023.

 

 

Asia, frente a las reformas para no perder fuerza

El crecimiento de las economías en Asia y el Pacífico también se está viendo ralentizado por la guerra en Ucrania y el resurgimiento de la pandemia en China. En esta región, mientras que las economías avanzadas se verán más afectadas por la caída de la demanda en Europa, los mercados emergentes sentirán con más fuerza el aumento de los precios mundiales.

 

La mayoría de las economías emergentes y en desarrollo de Asia son importadoras netas de petróleo, gas y metales, lo que las hace especialmente vulnerables a la subida de los precios mundiales de las materias primas.

 

Para frenar el impacto del aumento de precio de las materias primas, las autoridades del FMI recomiendan: aplicar medidas para proteger a los más vulnerables del aumento del coste de los combustibles y los alimentos y garantizar la sostenibilidad de la deuda, afianzando la política fiscal. Para las economías en desarrollo, el organismo alienta a promover reformas económicas a largo plazo, aplicando medidas en las barreras arancelarias y los mercados de productos y de trabajo.

 

Las economías emergentes del continente asiático se expandieron un 7,3% durante 2021, pero, para este año, el FMI Prevé un aumento del PIB de la región del 5,4% y del 5,6% para el próximo año.

 

 

África se enfrenta a otro shock alimentario

El continente africano se enfrente a un posible shock a medida que la guerra avanza y se encarecen los productos básicos. La crisis alimentaria dificulta aumentar el gasto en desarrollo, movilizar más ingresos fiscales y contener las presiones de la deuda. “En general, las autoridades fiscales no están bien preparadas para hacer frente a nuevos choques después de la pandemia”, señalan desde el Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

El organismo señala que los precios de los alimentos, que representan alrededor del 40% del gasto de los consumidores de la región, están aumentando rápidamente junto al precio del combustible y los fertilizantes. “En conjunto, estos factores perjudicarán desproporcionadamente a los pobres, especialmente en las zonas urbanas, y aumentarán la inseguridad alimentaria”, añade la entidad.

 

El áfrica subsahariana aumentó su Producto Interior Bruto (PIB) un 4,5%. Para este año, el FMI estima un crecimiento de la economía de la región del 3,8%, mientras que en 2023 repuntará hasta alcanzar un 4% de crecimiento.

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