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Diario económico del negocio de la salud

26 Sep 202120:47

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Carme Carrion (UOC): “Hay médicos que temen que las máquinas quiten el trabajo”

13 Jul 2021 — 04:56
Por J. Vera
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Carme Carrion analiza qué papel desarrollará la salud digital en la sociedad. Según la experta, su implantación está llena de matices económicos, psicológicos, pedagógicos, geográficos y culturales que condicionarán su entrada en el mercado.

Carme Carrion (UOC): “Hay médicos que temen que las máquinas quiten el trabajo”

 

Carme Carrion es doctora en Bioquímica y Biología Molecular (2002) por la Universidad de Barcelona, también es Máster en Biotecnología (1995) por la misma Universidad y Máster en Conflictología (2008) por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Durante la primera etapa de su investigación fue miembro del grupo Transporte y Vehiculación de Fármacos de la Universidad de Barcelona entre 1994 y 2003.

 

Actualmente centra su actividad como profesora titular de Estudios de Salud en la UOC. También se desarrolla como docente a tiempo parcial en la Universidad de Girona (UdG). Anteriormente fue investigadora senior de la Agencia de Evaluación y Calidad Sanitaria de Cataluña (AQuAS) entre 2012 y 2016, y directora de la Fundació UdG Medicina, una entidad sin ánimo de lucro vinculada a la Universidad de Girona entre 2012 y 2015. Su campo de investigación ha pasado de las ciencias bioquímicas básicas hasta la medicina traslacional y la salud digital. Actualmente es la directora del Máster Universitario en Salud Digital (eHealth) de la UOC y recientemente ha sido nombrada subdirectora de investigación de los estudios de salud de la UOC.

 

Por lo que respecta a sus campos de investigación, Carrión es la investigadora principal del eHealth Lab Research Group y ha liderado diferentes proyectos de investigación, tesis doctorales y artículos en revistas científicas de alto impacto. Es también revisora en distintos proyectos a escala europea y ha participado activamente como investigadora en diferentes proyectos internacionales en las áreas propias de la salud digital. Carrión ha centrado su investigación en el diseño, implementación y evaluación de las aplicaciones móviles para la mejora de la salud y de los hábitos de vida de la población. Paralelamente a la actividad de investigación, ha impartido docencia tanto en educación secundaria y bachillerato como universitaria en diferentes áreas de conocimiento.

 

 

Pregunta: ¿Cómo definiría usted la salud digital?

Respuesta: La salud digital son todas esas herramientas tecnológicas que tenemos al alcance para mejorar la gestión de la salud de las personas y de las poblaciones en general. Esto incluye cualquier herramienta, ya sea una web, una aplicación móvil, un sensor, una web, una herramienta de Inteligencia Artificial (IA). Estas herramientas, aplicadas a todo lo que nos pueda ayudar en la prevención, como al tratamiento de patologías concretas o incluso para analizar los datos poblacionales como está pasando ahora mismo con la pandemia del Covid-19.

 

P.: ¿En qué ámbitos de la salud la digitalización está evolucionando con mayor fuerza?

R.: Hace muchos años que el historial clínico electrónico es una asignatura pendiente. Todavía no está implantado en muchos países y en el nuestro no está totalmente integrado. Lo que hagas en el ICO no está en tu historia clínica. Queda campo para correr, pero está avanzado, igual que la receta electrónica. Empoderamiento del ciudadano, esto está todavía en el inicio, no dejan de ser pilotos. Cuesta mucho que esto se expanda y se integre.

 

P.: ¿Qué nuevos conceptos están surgiendo a partir de la salud digital?

R.: Todas las herramientas en tiempo real sirven para mejorar la salud de los ciudadanos. Esto implica ser más ágiles para prevenir la aparición de nuevas enfermedades o seguir enfermos crónicos. Si tenemos la oportunidad de disponer de más datos, de forma más precisa y en tiempo real, tendremos la posibilidad de implantar mejores soluciones. Ahora mismo estos conceptos nos lo brindan sensores, aplicaciones móviles o de realidad virtual. Esto se traduce en un empoderamiento, tanto del profesional como del paciente, que viene dado por las innovaciones en tecnología y por la capacidad que tenemos de tener datos reales, en tiempo real, de diferentes aspectos. Entonces seremos capaces de dar nuevas soluciones que van mucho más allá de las que tenemos actualmente.

 

P.: ¿Hasta qué punto los cambios de la salud digital pueden revolucionar la economía mundial?

R.: La salud es un punto central de la economía de todas las sociedades. Por este motivo siempre tiene tanta importancia en el presupuesto de una administración. Además, la sanidad genera muchos puestos de trabajo, ya sea en el ámbito público, privado o concertado. Además, la creación de empleo en temáticas relacionadas con la salud ha crecido mucho en los últimos años a partir de las empresas tecnológicas. Mientras que las farmacéuticas tampoco se han quedado atrás y han aportado mucho volumen en temáticas relacionadas con las herramientas digitales.

 

 

 

 

 

 

P.: ¿La regulación europea es un marco eficiente para que la salud digital pueda desarrollar todo su potencial?

R.: Hay una reglamentación bastante clara cuando hablamos de elementos relacionados con tratar enfermedades, pero en el momento de hablar de aplicaciones de bienestar, por ejemplo, esto no dispone todavía de una reglamentación tan clara. Eso sí, en mayo se estrenó una reglamentación europea que intenta poner orden y sentar las bases en aplicaciones y herramientas clínicas.

 

P.: ¿Qué problemas han derivado de la explosión de empresas de salud?

R.: El problema de esta explosión es que la mayoría de los proyectos surgían de universidades tecnológicas y no estaban en contacto ni con los actores ni con los pacientes. Esto ha generado una situación en que muchas de estas compañías no han tenido continuidad: un año estaban y el otro no. 

 

P.: ¿Y qué solución hay a todo esto?

R.: En salud digital necesitamos trabajar todos juntos. Que todos los actores involucrados en el sector hablen más entre ellos para detectar las necesidades en este campo. Conocer los puntos débiles, los puntos fuertes y las oportunidades que hay y que pueden existir en un futuro. Todo ello con el objetivo de crear un sistema mucho más efectivo y beneficioso para pacientes y profesionales.

 

P.: ¿En qué otras facetas en salud digital podrán aplicar las innovaciones?

R.: Es difícil llegar a saber si algunas de las innovaciones que se apliquen en salud digital tendrán transferencia a otros campos distintos. Aun así, el sector de la salud no es uno de los principales abanderados en aplicar la digitalización. El sector bancario, por ejemplo, está mucho más avanzado, a pesar de estar orientado a un asunto tan sensible como la economía del usuario. Si miramos el lado bueno, es cierto que otros campos cómo la educación están mucho menos digitalizados.

 

 

 

 

 

 

P.: ¿Cuándo termine la pandemia qué pasará con las inversiones que ha habido en salud digital? ¿Caerá la inversión?

R.: Veremos qué pasa cuando termine la pandemia con los avances en salud digital, pero hay un problema que se tendrá que gestionar para que las inversiones funcionen bien y es la brecha digital. Esta circunstancia se ha hecho muy evidente en cómo se ha comunicado el proceso de vacunación: con un SMS. No todo el mundo tiene acceso a la misma tecnología, ni todo el mundo tiene un dominio suficiente de esta para desenvolverse con según qué contenido. Todo esto se tendrá que tener en cuenta en un futuro.

 

P.: Llevamos mucha tecnología encima ¿Veremos cómo la salud digital preventiva se extiende en estos aparatos?

R.: Esto ya lo podemos ver y espero que a medida que pase el tiempo se generalice su uso. El problema es que, de momento, solamente lo hemos visto en campos muy concretos.

 

P.: ¿Por ejemplo?

R.: Hoy en día los enfermos de diabétes pueden llevar con ellos un reloj que permite monitorizar sus niveles de glucosa en sangre en cualquier momento. Esto es un gran paso pero todavía falta ver cómo estos elementos se diversificaran y cómo pueden entrar en el sistema sanitario.

 

P.: Los cambios tecnológicos serán muy rápidos ¿La población está preparada para recibirlos?

R.: En realidad los cambios no han sido tan rápidos, ya que muchas de las cosas que se han aplicado con el Covid-19 ya existían antes, pero no habían tenido la oportunidad de generalizarse. Se podría hacer el paralelismo con un iceberg, antes veíamos el 10% de las innovaciones y creíamos que sólo era eso, pero debajo ya existían muchas aplicaciones que ahora han salido a la luz como consecuencia de una situación excepcional. 

 

 

 

 

 

 

P.: ¿Cuándo tardará la gente a confiar en los cambios que se deriven de la salud digital?

R.: Tendemos a pensar que somos muy rígidos psicológicamente, pero la pandemia ha demostrado que somos más flexibles y obedientes ante las órdenes o instrucciones que se nos dan. Primero nos dijeron que nos encerráramos en casa, y así lo hicimos. Después ha venido la campaña de vacunación y los índices de esta son altísimos. La sociedad sufrió por si el usuario no se quería vacunar con una tecnología de tan reciente creación, pero no ha sido así. El usuario no tardará en adaptarse a los cambios que vengan en el futuro y en este sentido no tendría que haber muchos problemas.

 

P.: ¿Cómo podrían minimizarse estos contratiempos?

R.: Trabajando con expertos en psicología que entiendan los distintos contextos que se dan en la población. Por ejemplo, la robótica podrá penetrar mucho más fácilmente en el mercado de los cuidados en residencias en Japón. La cultura de este país es mucho más proclive a aceptar algo así, porque beben de un contexto distinto al que tenemos en los países mediterráneos. Esta circunstancia se tendrá que tener en cuenta.

 

P.: ¿Se está formando a nuestros futuros trabajadores de la salud para estos cambios?

R.: Hasta el estallido de la pandemia en marzo de 2020, la salud digital no se había integrado en la educación cómo un bloque de trabajo específico para estudiantes. La pandemia obligó a hacer las clases de forma telemática y en ese contexto se hizo más evidente que nunca la necesidad de formar a los estudiantes en la rama de salud digital. Por este motivo hemos visto el filón ideal para crear el master en salud digital.

 

P.: ¿Qué se puede hacer?

R.: Primero formar al profesional, ya que si en su día a día este no utiliza herramientas de salud digital, no podrá transmitirlas a los estudiantes. Si los médicos, por ejemplo, empiezan a trabajar con herramientas digitales en su lugar de trabajo, entonces la transmisión de este conocimiento concreto será mucho más rica.

 

P.: ¿Cuáles son los referentes en Europa?

R.: En Europa los referentes principalmente son los países nórdicos. En estados como Noruega, Suecia o Finlandia la salud digital ha encontrado un caldo de cultivo perfecto para desarrollarse. Una fuerte capacidad económica, países con presencia tecnológica y todo esto combinado con una demografía muy específica. Este último concepto ha sido vital, ya que al tener la población muy dispersa en su territorio, la salud digital lo ha tenido más fácil para abrirse paso.

 

P.: ¿Y en el mundo?

R.: Australia y Canadá son otros ejemplos de países que se han visto obligados a desarrollar sus políticas de salud digital a consecuencia de su enorme tamaño. Se trata de dos territorios desarrollados, pero con una densidad de población muy baja. La dispersión de sus habitantes en zonas aisladas ha sido un elemento clave para la aceleración de este proceso de digitalización en el ámbito de la salud.

 

 

 

 

 

 

P.: ¿Y qué sucede con el caso de Estonia? Es uno de los referentes en salud digital y no tiene una población tan dispersa…

R.: El caso de Estonia es muy ilustrativo  de que no todo depende del tamaño del país. Este país báltico es muy avanzado en materia de digitalización y, a pesar de no tener una necesidad demográfica, la administración lleva muchos años centrada en aplicar políticas digitales que han sido de gran ayuda a sus ciudadanos. Estonia es un ejemplo claro que la implantación de políticas de salud digital no tiene que ver exclusivamente de la dispersión de los habitantes de un país.

 

P.: ¿Cómo cambia o se transforma el rol de un médico con la adopción de las nuevas tecnologías?

R.: Muchos médicos tienen miedo a que las máquinas nos quiten el trabajo. Es una constante histórica en todos los ámbitos, pero yo creo que está equivocada. En realidad, esta situación dará más trabajo a los profesionales de la sanidad y los obligará a ser más flexibles ante las necesidades de cada paciente. Otra circunstancia que se puede generar es que los pacientes lleguen a estar más informados que un médico respecto a la enfermedad que el primero sufra. Esta situación tendrá que gestionarse correctamente por parte del profesional, que se verá obligado a adaptarse, entender y colaborar con el paciente para que la atención sea correcta.

 

P.: ¿Qué riesgos o qué problemas tiene la implantación de la salud digital?

R.: Yo sigo manteniendo que la brecha digital es el principal escollo que se deberá solventar antes que la digitalización llegue a todos los mercados. No puedes pretender hacer grandes cambios de paradigma si la tecnología no ha podido ser asumida por grandes capas de la población.

 

P.: ¿Qué pueden hacer los inversores ante esta situación?

R.: Los inversores tienen que ser conscientes que esta es una inversión a medio-largo plazo. Los beneficios de una inversión en salud digital no serán inmediatos, porque el sistema sanitario es como un transatlántico al que le cuesta mucho arrancar. Aun así, cuando se consigue poner en marcha es imparable.

 

P.: ¿Y los gestores de la sanidad cómo pueden capear los cambios que se avecinan?

R.: Se tendrá que repensar todo el sistema sanitario, ya que solamente con inversión no tendremos suficiente impulso. La aplicación de medidas de salud digital afectará a cómo pensamos la sanidad: el número de camas, las horas de trabajo del personal sanitario o el modo de trabajo.

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