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Diario económico del negocio de la salud

15 Nov 201912:00

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Bismarck vs Beveridge, el cara a cara de los sistemas sanitarios en la Unión Europea

24 Sep 2018 — 04:58
Por I. Vera
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Los Estados miembro de la Unión Europea se dividen entre estos dos modelos. Mientras que en el sistema de origen alemán la administración es un mero gestor, en el de origen inglés el Estado agrupa y ofrece todos los servicios. 

Bismarck vs Beveridge, el cara a cara de los sistemas sanitarios en la Unión Europea

 

Financiación, listas de espera y copagos. Estas son algunas de las diferencias más palpables entre los modelos sanitarios Bismarck y Beveridge. Gracias a estos históricos sistemas, los europeos disfrutan de diferentes grados de atención sanitaria, aunque con diferentes desembolsos.

 

Portugal y Finlandia son países más semejantes de lo que parecen, pues comparten el modelo sanitario Beveridge. En la misma situación, pero bajo términos diferentes, están Francia y Grecia, que han sentado las bases de su sanidad sobre el modelo sanitario Bismarck. 

 

Para Magda Rosenmöller, profesora asociada en la escuela de negocios Iese y experta en política sanitaria en Europa, los sistemas de salud que se estipulan en Europa están basados en la “universalidad, solidaridad y equidad”. La catedrática asegura que cada sistema sanitario tiene tres objetivos fundamentales: “mejorar la salud del paciente, optimizar su experiencia y realizar las gestiones usando los recursos lo mejor posible”.

 

Bajo estas premisas nacieron los Servicios Nacionales de Salud o modelo Beveridge y los Sistemas de Seguros Sociales, también conocidos por modelo Bismarck. Ambos son los referentes sanitarios que imperan en Europa. Hasta once estados se rigen por el modelo Beveridge, entre los que destaca España, Portugal, Gran Bretaña o Finlandia, mientras que el sistema Bismarck es utilizado por los 17 países restantes, como Alemania, Francia, Holanda, o Grecia, entre otros.

 

 

 

 

En la Alemania de 1883 nació el modelo Bismarck. Este sistema de salud se basa en que los ciudadanos disfrutan de atención sanitaria a través de organizaciones privadas y, para ello, tanto empresarios como trabajadores pagan cuotas que van directamente a las empresas que gestionan los servicios médicos.

 

En este sistema “el Estado es más bien un regulador de los servicios”, asegura Manuel Vilches, director general del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (Fundación Idis).

 

El modelo Beveridge, por su parte, es originario de Gran Bretaña y surgió en los años cuarenta. Este sistema se basa en el acceso universal a la sanidad y en que todo servicio médico está directamente gestionado por el Gobierno.

 

El Beveridge es un modelo que “está regulado por los impuestos, y como en los casos de España e Inglaterra, las prestaciones están controladas por el Estado”, confirma Vilches, que también comenta que “ese presupuesto debería dar toda la asistencia sanitaria, pero, en el caso español, el 29% de las cirugías se hacen en entornos privados, es decir, fuera del aseguramiento público”.

 

 

 

 

Si del sistema sanitario español se dice que es tan bueno, ¿por qué no sé replica en otros países? “Porque quizás no sea lo mejor”, revela Vilches. “España es un caso único –continúa el ejecutivo de Idis-; donde convive la sanidad pagada por la Administración y la atención privada, por lo que los servicios privados son un complemento del servicio de salud”. 

 

De este modo, quienes disfrutan de un seguro privado no dejan de pagar la atención sanitaria pública, es decir, pagan el doble, subraya la profesora del Iese. Pese a ello, para la experta “el sistema sanitario de España es uno de los mejores del mundo”, aunque se puede mejorar a través de más innovación, flexibilidad y participación.

 

Para Jaume Raventós, profesor del Institut de Formació Contínua – IL3 especializado en gestión sanitaria, la competencia de servicios “siempre es buena y mejorara la eficiencia”. Para el experto, además, en los países del sistema Bismarck el sector privado gana dinero gracias al sector público pero en estados como Holanda el beneficio de estas empresas está regulado.

 

Todas las Administraciones que se rigen por los sistemas Bismarck y Beveridge tienen diferentes servicios de copago y listas de espera en distintos grados. El modelo de origen alemán es el que menos lista de espera tiene, algo que consensuan todos los expertos consultados. Ello se debe a que en los países con estos sistemas es más apreciable el copago de servicios.

 

 

 

“El copago como tal no da mucho dinero, pero si hace que la gente valore más los servicios”, lo que contribuye a reducir las listas de espera, explica la profesora del Iese. En general, son los países bajo la tutela del modelo Bismarck los que comparten más servicios de copago y también los que tienen una menor lista de espera.

 

“Es todo un pez que se muerde la cola”, asegura Raventós, que compagina su faceta de profesor con la dirección de la red de centros de salud mental ITA, pues “un modelo donde la prestación es 100% de un único servicio es poco competitivo y hay elementos que hacen que la gestión sea menos eficiente” por lo que el copago funciona como un regulador de la demanda sanitaria y de las listas de espera.

 

Una postura contraria demuestra la profesora Rosenmöller, que considera que en cualquier sistema sanitario habrá más demanda que recursos y que también es muy importante el papel de los salarios de los profesionales sanitarios. Estos pueden optar por ofrecer sus servicios en la práctica privada, afirma la experta.

 

En estos modelos también es importante el papel que toma el paciente. En el sistema Bismark los ciudadanos pueden elegir entre los diferentes servicios y médicos disponibles, mientras que en el sistema Beveridge, por regla general, los ciudadanos tienen que ir al médico de cabecera y este les derivará a un especialista si es necesario. En este sentido, “si yo puede elegir a mi médico y no estoy contenta, es mi culpa”, sentencia Rosenmöller.

 

 

 

Estados Unidos, el otro gran sistema sanitario


El modelo sanitario estadounidense es privado en su totalidad. El ex presidente del país norteamericano Barack Obama intentó regularizar la situación a través del Obamacare, un sistema parecido al Bismarck que garantizaba la asistencia a la población con escasos recursos. En la actualidad, el procedimiento está parado.

 

“Lo que se decidió en su momento en Estados Unidos fue que en lugar de subir impuestos se resolvió que cada uno se pagara un seguro propio”, destaca Vilches. Esto contribuye a que no haya listas de espera, pero que el pago por los servicios sea muy elevado.

 

En comparación con Europa, el sistema norteamericano depende de pólizas privadas. Si los ciudadanos no pueden pagarse un seguro tienen que recurrir a los sistemas sociales, orientados a colectivos sin recursos y a veteranos de guerra, que son de una calidad muy inferior a los de pago, según concluye el profesor del IL3.

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